Jóvenes Adventistas de La Ceiba

Somos un grupo cristiano juvenil Adventista, donde encontrará información necesaria para mantenerle al tanto de nuestras actividades.

La Sociedad de Jóvenes Adventistas es el departamento mediante el cual la Iglesia Adventista del Séptimo Día trabaja en favor y por medio de sus jóvenes. "Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová" (Éxo. 10:9). "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos" (Deut. 6:6- 8). "Ninguno tenga en poco tu juventud, sino s. ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza" (1 Tim. 4:12)."Tenemos un ejercito de jóvenes hoy que puede hacer mucho si es debidamente dirigido y animado... Queremos que sean bendecidos por Dios. Queremos que participen en planes bien organizados para ayudar a otros jóvenes" (Testimonios para los ministros, 1977, p. 32).

La sierva del Señor pidió que se estableciera en cada iglesia un órgano para cuidar de los jóvenes y dijo a qué debía parecerse. "Debiera constituirse un grupo semejante a la Sociedad de Esfuerzo Cristiano..." (Consejos sobre la salud, p. 538). "Organícense grupos en todas las iglesias para hacer esta obra" (Servicio cristiano, p. 44). "Cuando los jóvenes dan su corazón a Dios, no cesa nuestra responsabilidad hacia ellos. Hay que interesarlos en la obra del Señor, e inducirlos a ver que Él espera que ellos hagan algo para adelantar su causa. No es suficiente demostrar cuánto se necesita hacer, e instar a los jóvenes a hacer una parte. Hay que enseñarles a trabajar para el Maestro. Hay que prepararlos,disciplinarlos y educarlos en los mejores métodos de ganar almas para Cristo. Enséñeseles a tratar de una manera tranquila y modesta de ayudar a sus jóvenes compañeros. Expóngase en forma sistemática los diferentes ramos del esfuerzo misionero en que ellos puedan tomar parte, y déseles instrucción y ayuda. Así aprenderán a trabajar para Dios" (Obreros evangélicos, pp. 222, 223).

"Con semejante ejercito de obreros como el que nuestros jóvenes bien preparados podrán proveer, ¡cuán pronto se proclamaría al mundo el mensaje de un Salvador crucificado, resucitado y próximo a venir!" (Mensajes para los jóvenes, p. 194)."Con el fin de que la obra pueda avanzar en todos los ramos, Dios pide vigor, celo y valor juveniles. Él ha escogido a los jóvenes para que ayuden en el progreso de su causa. El hacer planes con mente clara y ejecutarlos con mano valerosa, requiere energía fresca y no estropeada. Los jóvenes están invitados a dar a Dios la fuerza de su juventud, para que por el ejercicio de sus poderes, por reflexión aguda y acción vigorosa, le tributen gloria e impartan salvación a sus semejantes" (Obreros evangélicos, p. 69).



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Declaración de misión


El primer objetivo del Ministerio de los jóvenes es la salvación de los jóvenes a través de Jesucristo. Entendemos que el Ministerio de los Jóvenes es una parte de la obra de la iglesia conducida por, con y para los jóvenes.


Nuestra tarea es:
  • Llevar a los jóvenes a comprender su valor individual, y a descubrir y desarrollar sus dones espirituales y sus habilidades.
  • Equipar y fortalecer a los jóvenes para una vida de servicio con la iglesia de Dios y la comunidad.
  • Asegurar la integración de los jóvenes en todos los aspectos de la vida de la iglesia y en el liderazgo de la misma, para que puedan participar plenamente en la misión de la iglesia.

Para cumplir nuestra tarea:

a. Realizaremos un ministerio equilibrado por medio de la incorporación de las dinámicas bíblicas del compañerismo, la edificación espiritual, la adoración y la misión.
b. Nos comprometemos a mantener la relevancia y eficacia en el ministerio relacionando todo nuestro ministerio con las necesidades de los jóvenes. Es imperativo que escuchemos a los jóvenes y estemos informados por medio de sus percepciones, preocupaciones y sugerencias. Un ministerio eficaz sólo es posible en una atmósfera de amor, aceptación y perdón. Conduciremos una búsqueda continua para descubrir las áreas que necesitan atención. Nos comprometemos a experimentar e innovar en nuestros programas porque reconocemos la naturaleza cambiante de los jóvenes de nuestros días.
c. Encontraremos inspiración en la Palabra de Dios y en nuestra historia, y tendremos fe en Dios en cuanto al futuro. Nuestra filosofía: encontrar una amplia variedad de estilos de ministerios y programas ordenados por Dios.
d. Haremos evaluaciones regulares para asegurarnos que alcanzamos nuestro principal objetivo.Objetivos:El departamento de Jóvenes Adventistas se organizó como respuesta a estas directivas inspiradas para guiar, entrenar, proveer materiales y trazar los planes de evangelismo para la Sociedad de Jóvenes Adventistas de la iglesia local.


El Espíritu de Profecía estableció los objetivos del órgano juvenil como sigue:
  • Capacitar a los jóvenes para trabajar por otros jóvenes
  • Reclutar a los jóvenes para que ayuden a su iglesia y a "los que profesan ser observadores del sábado"
  • "Trabajar en favor... de aquellos que no son de nuestra fe" (Servicio cristiano, p. 44).


Al procurar alcanzar estos objetivos se llama a los jóvenes a:
- orar juntos
- estudiar la Biblia juntos
- participar juntos en reuniones sociales en las que se manifieste una interacción basada en principios cristianos
- participar juntos en pequeños grupos para llevar a cabo planes bien trazados para compartir la fe
- desarrollar tacto, habilidad y talento en el servicio del Maestro
- animarse unos a otros en el crecimiento espiritual.



El Blanco de la Sociedad de Jóvenes Adventistas es:
"El mensaje del advenimiento a todo el mundo en mi generación".


El Lema es:
"El amor de Cristo me constriñe".



Miembros de la Sociedad de Jóvenes Adventistas:

Hay tres categorías de miembros en la Sociedad de Jóvenes Adventistas.
  1. Miembros regulares: Son los jóvenes entre los 16 y los 30 años de edad, miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, en plena comunión con la misma, que suscriben los objetivos de la sociedad y, deseando comprometerse en el servicio activo por Cristo, se enrolan como miembros regulares de la sociedad.
  2. Miembros asociados: Los jóvenes que todavía no son miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, pero que tienen ideales cristianos y desean asociarse con los jóvenes de la iglesia en la obra misionera, deben aceptarse como miembros asociados. Estos jóvenes, aunque no reciben cargos, deben ser recibidos cordialmente en toda la obra de la sociedad y en sus grupos, y también deben ser animados a convertirse en miembros regulares tan pronto como sea posible.
  3. Miembros honorarios: Se puede enrolar como miembros honorarios a los miembros adultos de la iglesia que apoyan a los jóvenes.


Al unirse a la Sociedad de Jóvenes Adventistas, los nuevos miembros hacen el siguiente voto:
"Por amor al Señor Jesús prometo participar activamente en la obra de la Sociedad de Jóvenes Adventistas, y hacer todo lo que pueda para ayudar a otros a terminar la obra de la predicación del evangelio en el mundo".

Nuestros Productos


"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley." (Gálatas 5:22, 23)

Todo cristiano que ande conforme al espíritu tendrá que manifestar en su vida diaria las siguientes características que la Biblia llama Frutos del Espíritu. A manera de auto-examen consideremos detenidamente cada una de estas características, y preguntémonos si éstas se manifiestan en nuestras vidas; si éstas se dejan ver en la vida cotidiana.


  • AMOR

Definición: Del griego [agape], que significa caridad, afecto, cariño, ser caritativo, amar al hermano, afecto, buena voluntad, benevolencia.

El hombre o la mujer que tiene esta característica, amará a Dios sobre todas las cosas, y se esfuerza por obedecerle en todo. Cristo dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos." (Juan 14:15)
Amará todo lo que se relacione con Él, amará la Biblia, la iglesia, el ministerio. También amará a sus hermanos de todo corazón, la Biblia dice que si no amamos a nuestros hermanos que vemos, mucho menos amaremos a Dios que no lo vemos.
a) El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
b) Nosotros le amamos porque Él nos amó primero.
c) En esto muestra Dios su amor en que siendo aun pecadores el murió por nosotros.

  • GOZO

Definición: Del griego [chara], que significa alegría, regocijo, felicidad, estado de ánimo efervescente y positivo.

Quien tiene gozo tiene alegría, vive contento y alegre; su estado de ánimo es siempre positivo, trata de encontrar el lado bueno a todas las cosas o circunstancias que vienen a su vida.

  • PAZ

Definición: Del griego: [eirene], que significa descanso, quietud, tranquilidad, bonanza, armonía, seguridad, confianza.

El poseer esta característica produce descanso aún en medio de las actividades diarias. Esta característica trae quietud a la persona incluso en medio de la turbulencia y tormentas de la vida; le da tranquilidad no importando el problema que este enfrentando. No pierde el control, no se desespera ni se sale de sus casillas siente seguridad y confianza en cualquier situación que este atravesando pues sabe que Dios esta con él.

  • PACIENCIA

Definición: Del Griego: [makrothumia], que significa tolerancia, resistencia, constancia, fidelidad, perseverancia, tardo para vengarse.

El que tiene esta característica posee una paciencia y una capacidad de esperar increíble. Es capaz de persistir haciendo algo por mas cansado que sea. Es constante en lo que hace; lo que comienza lo termina, no deja las cosas a medias. Soporta con paciencia las cosas difíciles de la vida.

  • BONDAD

Definición: Del griego [chrestotes], que significa amabilidad, gentileza, bondad moral, altruismo, humanidad, integridad, benignidad.

El cristiano que tiene esta característica, trata a sus semejantes amable y gentilmente. Siempre obra de manera que no afecte a otros. Siente el dolor de su prójimo y se esfuerza por ayudarles, y hacer algo por ellos.

  • FE

Definición: Del griego: [pistis], que significa seguridad, creer, creencia, estado de convicción que acepta como verdad aquello que se cree.
Cuando se tiene esta característica, se tiene la seguridad de que Dios es real y lo que Dios prometió lo va a cumplir; aunque todo parezca ser contrario, se cree ciegamente en él y se espera que se suceda lo que él dijo.

  • MANSEDUMBRE

Definición: Del griego: [praotes], que significa gentileza, suavidad.

El tener esta característica nos ayuda a responder con gentileza a alas ofensas; y a pasarlas por alto perdonando y olvidándolas. Contestar con suavidad a los ataques de alguien.

Cristo era manso y humilde de corazón

  • TEMPLANZA

Definición: Del griego [egkrateia], que significa Auto-control, virtud de dominar los propios deseos y pasiones especialmente sus apetitos sensuales.

El que posee esta característica logra controlar su cuerpo junto con sus deseos y pasiones. No se deja llevar por lo que siente, quiere, o desea su carne; mas bien la sujeta al espíritu, y la obliga a obedecer la Palabra de Dios. No cambia según las circunstancias. Tiene control sobre su carácter y temperamento; sabe controlar su ira y sus tendencias naturales de ceder a los placeres mundanos.

Pablo dijo: "Todo me es licito mas no todo conviene."

Conózcanos




Los Adventistas del Séptimo Día aceptan la Biblia como su único credo y mantienen ciertas creencias fundamentales como siendo la enseñanza de las Escrituras Sagradas. Estas creencias, de la manera como son presentadas aquí, constituyen la comprensión de la expresión de la enseñanza de las Escrituras por parte de la Iglesia.

1. Las Sagradas Escrituras
  • Las Sagradas Escrituras, el Antiguo y el Nuevo Testamento, son la Palabra de Dios escrita, dada por inspiración divina por intermedio de santos hombres de Dios que hablaron y escribieron al ser movidos por el Espíritu Santo. (II Pedro 1:20 y 21; II Tim. 3:16 y 17; Sal. 119:105; Prov. 30:5 y 6; Isa. 8:20; Juan 10:35; 17:17; I Tes. 2:13; Heb. 4:12).
2. La Trinidad
  • Hay un sólo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad de tres Personas coeternas. Dios es inmortal, omnipotente, omnisciente, encima de todo, y siempre presente. (Deut. 6:4; 29:29; Mat. 28:19; II Cor. 13:13; Efes. 4:4-6; I Pedro 1:2; I Tim. 1:17; Apoc. 14:6 y 7).
3. Dios Padre
  • Dios, el Eterno Padre, es el Creador, el Originador, el Mantenedor y el Soberano de toda la creación. Él es justo y santo, compasivo y clemente, tardo en airarse, y grande en constante amor y fidelidad. (Gén. 1:1; Apoc. 4:11; I Cor. 15:28; Juan 3:16; I Juan 4:8; I Tim. 1:17: Éxo. 34:6 y 7; Juan 14:9).
4. Dios Hijo
  • Dios, el Hijo Eterno, se encarnó en Jesucristo. Por medio de Él se crearon todas las cosas, se reveló el carácter de Dios, se efectuó la salvación de la humanidad y se juzga el mundo. Jesús sufrió y murió en la cruz por nuestros pecados y en nuestro lugar, fue resucitado entre los muertos y ascendió para administrar en el santuario celestial a nuestro favor. Vendrá otra vez para la liberación final de Su pueblo y la restauración de todas las cosas. (Juan 1:1-3 y14; 5:22; Col. 1:15-19; Juan 10:30; 14:9; Rom. 5:18; 6:23; II Cor. 5:17-21; Lucas 1:35; Filip. 2:5-11; I Cor. 15:3 y 4; Heb. 2:9-18; 4:15; 7:25; 8:1 y 2; 9:28; Juan 14:1-3; I Ped. 2:21; Apoc. 22:20).
5. Dios Espíritu Santo
  • Dios, el Espíritu Santo, desempeñó una parte activa con el Padre y el Hijo en la Creación, Encarnación y Redención. Inspiró a los escritores de las Escrituras. Llenó de poder la vida de Cristo. Atrae y convence a los seres humanos; y los que se muestran sensibles, son renovados y transformados por Él, a imagen de Dios. Concede dones espirituales a la Iglesia. (Gén. 1:1 y 2; Lucas 1:35; II Pedro 1:21; Lucas 4:18; Hechos 10:38; II Cor. 3:18; Efes. 4:11 y 12; Juan 14:16-18 y 26; 15:26 y 27; 16:7-13; Rom. 1:1-4).
6. Dios es el Creador
  • Dios es el Creador de todas las cosas y reveló en las Escrituras el relato auténtico de Su actividad creadora. En seis días hizo el Señor los Cielos y la Tierra y todo lo que tiene vida sobre la Tierra, y descansó el séptimo día de esa primera semana. (Gén. 1;2; Éxo. 20:8-11; Sal. 19:1-6; 33:6 y 9; 104; Heb. 11:3; Juan 1:1-3; Col. 1:16 y 17).
7. La Naturaleza del Hombre
  • El hombre y la mujer fueron formados a imagen de Dios con individualidad y con el poder y la libertad de pensar y actuar. Como han sido creados como seres libres, cada uno es una unidad indivisible de cuerpo, mente y alma, y dependiente de Dios en cuanto a la vida, respiración y todo lo demás. Cuando nuestros primeros padres desobedecieron a Dios, negaron su dependencia de Él y cayeron de sua elevada posición abajo de Dios. La imagen de Dios en ellos, fue desfigurada, se volvieron mortales. Sus descendientes comparten esa naturaleza caída y de sus consecuencias. (Gén. 1:26-28; 2:7; Sal. 8:4-8; Hechos 17:24-28; Gén. 3; Sal. 51:5; Rom. 5:12-17; II Cor. 5:19 y 20).
8. El Gran Conflicto
  • Toda la humanidad está involucrada en un gran conflicto entre Cristo y Satanás, en cuanto al carácter de Dios, Su Ley y Su soberanía sobre el Universo. Ese conflicto se originó en el Cielo, cuando un ser creado, dotado de libertad de elección, por exaltación propia, se convirtió en Satanás, el adversario de Dios, y condujo la rebelión de una parte de los ángeles. Él introdujo el espíritu de rebelión en este mundo. Observado por toda la Creación, este mundo se convirtió en el palco del conflicto universal, dentro del cual será finalmente reivindicado el Dios de amor. (Apoc. 12:4-9; Isa. 14:12-14; Ezeq. 28:12-18; Gén. 3; Gén. 6-8; II Pedro 3:6; Rom. 1:19-32; 5:19-21; 8:19-22; Heb. 1:4-14; I Cor. 4:9).
9. Vida, Muerte y Ressurrección de Cristo
  • En la vida de Cristo, de perfecta obediencia a la voluntad de Dios, y en Su sufrimiento, muerte y resurrección, Dios proveyó el único medio de expiación del pecado humano, de modo que los que aceptan esa expiación por fe, puedan tener vida eterna, y toda la Creación comprenda mejor el infinito y santo amor del Creador. (Juan 3:16; Isa. 53; II Cor. 5:14, 15 y 19-21; Rom. 1:4; 3:25; 4:25; 8:3 y 4; Filip. 2:6-11; I Juan 2:2; 4:10; Col. 2:15).
10. La Experiencia de la Salvación
  • En infinito amor y misericordia, Dios permitió que Cristo se convirtiese en pecado por nosotros, para que en Él fuésemos hechos justicia de Dios. Guiados por el Espíritu Santo reconocemos nuestra pecaminosidad, nos arrepentimos de nuestras transgresiones y tenemos fe en Jesús como Señor y Cristo, como Sustituto y Ejemplo. Esta fe que acepta la salvación, viene del poder de la Palabra y es el don de la gracia de Dios. Por medio de Cristo somos justificados y libertados del dominio del pecado. Por medio del Espíritu, nacemos de nuevo y somos justificados. Permaneciendo en Él, participamos de la naturaleza divina y tenemos la seguridad de la salvación, ahora y en el Juicio. (Sal. 27:1; Isa. 12:2; Jonas 2:9; Juan 3:16; II Cor. 5:17-21; Gál. 1:4; 2:19 y 20; 3:13; 4:4-7; Rom. 3:24-26; 4:25; 5:6-10; 8:1-4, 14, 15, 26 y 27; 10:7; I Cor. 2:5; 15:3 y 4; I Juan 1:9; 2:1 y 2; Efes. 2:5-10; 3:16-19; Gál. 3:26; Juan 3:3-8; Mat. 18:3; I Pedro 1:23; 2:21; Heb. 8:7-12).
11. El crecimiento en Cristo
  • Por su muerte en la cruz, Jesús triunfó sobre las fuerzas del mal. Él, que durante su ministerio terrenal subyugó los espíritus demoníacos, ha quebrantado su poder y asegurado su condenación final. La victoria de Jesús nos da la victoria sobre las fuerzas del mal que aún tratan de dominarnos, mientras caminamos con él en paz, gozo y en la seguridad de su amor. Ahora, el Espíritu Santo mora en nosotros y nos capacita con poder. Entregados continuamente a Jesús como nuestro Salvador y Señor, somos libres de la carga de nuestras acciones pasadas. Ya no vivimos en las tinieblas, ni en el temor de los poderes malignos, ni en la ignorancia y falta de sentido de nuestro antiguo estilo de vida. En esta nueva libertad en Jesús, somos llamados a crecer a la semejanza de su carácter, manteniendo diariamente comunión con él en oración, alimentándonos de su Palabra, meditando en ella y en su providencia, cantando sus alabanzas, reuniéndonos juntos para adorar, y participando en la misión de la iglesia. Al darnos en amoroso servicio a aquellos que nos rodean y al dar testimonio de su salvación, Cristo, en virtud de su presencia constante con nosotros por medio del Espíritu, transforma cada uno de nuestros momentos y cada una de nuestras tareas en una experiencia espiritual (Sal. 1:1, 2; 23:4; 77:11, 12; Col. 1:13, 14: 2:6, 14, 15; Luc. 10:17-20; Efe. 5:19, 20; 6:12-18; 1 Tes. 5:23; 2 Ped. 2:9; 3:18; 2 Cor. 3:17, 18; Fil. 3:7-14; 1 Tes. 5:16-18; Mat. 20:25-28; Juan 20:21; Gál. 5:22-25; Rom. 8:38, 39; 1 Juan 4:4; Heb. 10:25).
12. La Iglesia
  • La Iglesia es la comunidad de creyentes que confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador. Nos unimos para adorar, para comunión, para instrucción en la Palabra, para celebrar la Cena del Señor, para el servicio a toda la humanidad y para la proclamación mundial del Evangelio. La Iglesia es la Familia de Dios. La Iglesia es el cuerpo de Cristo. (Gén. 12:3; Hechos 7:38; Mat. 21:43; 16:13-20; Juan 20:21 y 22; Hechos 1:8; Rom. 8:15-17; I Cor. 12:13-27; Efes. 1:15 y 23; 2:12; 3:8-11 y 15; 4:11-15).
13. El Remaneciente y su Misión
  • La Iglesia universal se compone de todos los que verdaderamente creen en Cristo; pero, en los últimos días, un remaneciente ha sido llamado, a fin de guardar los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Este remaneciente anuncia la llegada de la hora del Juicio, proclama la salvación por medio de Cristo y predice la aproximación de Su segundo advenimiento. (Mar. 16:15; Mat. 28:18-20; 24:14; II Cor. 5:10; Apoc. 12:17; 14:6-12; 18:1-4; Efes. 5:22-27; Apoc. 21:1-14).
14. Unidad en el Cuerpo de Cristo
  • La Iglesia es un cuerpo con muchos miembros, llamados de toda nación, tribu, lengua y pueblo. Todos somos iguales en Cristo. Mediante la revelación de Jesucristo en las Escrituras, compartimos la misma fe y esperanza y extendemos un solo testimonio para todos. Esta unidad encuentra su fuente en la unidad del Dios triuno, que nos adoptó como Sus hijos. (Sal. 133:1; I Cor. 12:12-14; Hechos 17:26 y 27; II Cor. 5:16 y 17; Gál. 3:27-29; Col. 3:10-15; Efes. 4:1-6; Juan 17:20-23; Santiago 2:2-9; I Juan 5:1).
15. El Bautismo
  • Por el bautismo confesamos nuestra fe en la muerte y en la resurrección de Jesucristo y testimoniamos nuestra muerte al pecado y nuestro propósito de andar en novedad de vida, siendo aceptados como miembros por Su Iglesia. Y por inmersión en el agua se sigue la instrucción en las Escrituras Sagradas y la aceptación de sus enseñanzas. (Mat. 3:13-16; 28:19 y 20; Hechos 2:38; 16:30-33; 22:16; Rom. 6:1-6; Gál. 3:27; I Cor. 12:13; Col. 2:12 y 13; I Pedro 3:21).
16. La Cena del Señor
  • La Cena del Señor es una participación en los emblemas del cuerpo y de la sangre de Jesús, como expresión de fe en Él, nuestro Señor y Salvador. La preparación incluye el examen de conciencia, el arrepentimiento y la confesión. El Maestro instituyó la Ceremonia del lavamiento de pies para representar renovada purificación, para expresar la disposición de servir uno al otro en humildad semejante a la de Cristo, y para unir nuestros corazones en amor. (Mat. 26:17-30; I Cor. 11:23-30; 10:16 y 17; Juan 6:48-63; Apoc. 3:20; Juan 13:1-17).
17. Dones y Ministerios Espirituales
  • Dios concede a todos los miembros de Su Iglesia, en todas las épocas, dones espirituales. Siendo otorgados por la actuación del Espíritu Santo, el cual distribuye a cada miembro como le place, los dones proveen todas las aptitudes y ministerios que la Iglesia necesita para cumplir sus funciones divinamente ordenadas. Algunos miembros son llamados por Dios y dotados por el Espíritu para funciones reconocidas por la Iglesia en ministerios pastorales, evangélicos, apostólicos y de enseñanza. (Rom. 12:4-8; I Cor. 12:9-11, 27 y 28; Efes. 4:8 y 11-16; II Cor. 5:14-21; Hechos 6:1-7; I Tim. 2:1-3; I Pedro 4:10 y 11; Col. 2:19; Mat. 25:31-36).
18. El Don de Profecía
  • Uno de los dones del Espíritu Santo es la profecía. Este don es una característica de la Iglesia remaneciente y fue manifestado en el ministerio de Elena G. White. Como la mensajera del Señor, sus escritos son una continua y autorizada fuente de verdad y proporcionan consuelo, orientación, instrucción y corrección a la Iglesia. (Joel 2:28 y 29; Hechos 2:14-21; Heb. 1:1-3; Apoc. 12-17; 19:10).
19. La Ley de Dios
  • Los grandes principios de la Ley de Dios son incorporados en los Diez Mandamientos y ejemplificados en la vida de Cristo. Expresan el amor, la voluntad y los propósitos de Dios acerca de la conducta y de las relaciones humanas, y son obligatorios a todas las personas, en todas las épocas. Esos preceptos constituyen la base del concierto de Dios con Su pueblo y la norma del juicio de Dios. (Éxo. 20:1-17; Mat. 5:17; Deut. 28:1-14; Sal. 19:7-13; Juan 14:15; Rom. 8:1-4; I Juan 5:3; Mat. 22:36-40; Efes. 2:8).
20. El Sábado
  • El bondadoso Creador, después de los seis dias de la Creación, descansó el séptimo día e instituyó el Sábado para todas las personas, como recordativo de la Creación. El cuarto mandamiento de la inmutable Ley de Dios requiere la observancia de este sábado del séptimo día como día de descanso, adoración y ministerio, en armonía con la enseñanza y práctica de Jesús, el Señor del Sábado. (Gén. 2:1-3; Éxo. 20:8-11; 31:12-17; Lucas 4:16; Heb. 4:1-11; Deut. 5:12-15; Isa. 56:5 y 6; 58:13 y 14; Lev. 23:32; Mar. 2:27 y 28).
21. Mayordomía
  • Somos mayordomos de Dios, responsables por el uso apropiado del tiempo y de las oportunidades, capacidades y posesiones, y de las bendiciones de la Tierra y sus recursos que Él colocó bajo nuestro cuidado. Reconocemos el derecho de propiedad de parte de Dios, por medio del fiel servicio a Él y a nuestros semejantes, y devolviendo los diezmos y dando ofrendas para la proclamación de Su Evangelio y para la manutención y el crecimiento de Su iglesia. (Gén. 1:26-28; 2:15; Hageo 1:3-11; Mal. 3:8-12; Mat. 23:23; I Cor. 9:9-14).
22. Conducta Cristiana
  • Somos llamados para ser un pueblo piadoso, que piensa, siente y actúa de acuerdo con los principios del Cielo. Para que el Espíritu recree en nosotros el carácter de nuestro Señor, solo nos involucramos con aquellas cosas que producirán en nuestra vida, pureza, salud y alegría semejantes a las de Cristo. (I Juan 2:6; Efes. 5:1-13; Rom. 12:1 y 2; I Cor. 6:19 y 20; 10:31; I Tim. 2:9 y 10; Lev. 11:1-47; II Cor. 7:1; I Pedro 3:1-4; II Cor. 10:5; Filip. 4:8).
23. Matrimonio y Familia
  • El casamiento fue divinamente establecido en el Edén y confirmado por Jesús como unión vitalicia entre un hombre y una mujer, en amoroso compañerismo. Para el cristiano, el compromiso matrimonial es con Dios, y con el cónyuge, y solamente debe ser asumido entre parejas que comparten la misma fe. Referente al divorcio, Jesús enseñó que la persona que se divorcia del cónyuge, a no ser por causa de fornicación, y se casa con otro, comete adulterio. Dios bendice a la familia y quiere que sus miembros se ayuden uno al otro a alcanzar completa madurez. Los padres deben educar sus hijos a amar al Señor y a obedecerle. (Gén. 2:18-25; Deut. 6:5-9; Juan 2:1-11; Efes. 5:21-33; Mat. 5:31 y 32; 19:3-9; Prov. 22:6; Efes. 6:1-4; Mal. 4:5 y 6; Mar. 10:11 y 12; Lucas 16:18; I Cor. 7:10 y 11).
24. El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial
  • Hay un santuario en el Cielo. En él, Cristo intercede en nuestro favor, haciendo accesibles a los creyentes los beneficios de Su sacrifício expiatorio ofrecido una vez por todas, en la cruz. Él es nuestro gran Sumo Sacerdote y comenzó Su ministerio intercesor en ocasión de Su ascensión. En 1844, a final del período profético de los 2.300 días, inició la segunda y última etapa de Su ministerio expiatorio. El jucio investigador revela a los seres celestiales quien entre los muertos será digno de formar parte en la primera resurrección. También se hace manifesto quien, entre los vivos, está preparado para la traslación a Su reino eterno. La terminación del ministerio de Cristo señalará el fin del tiempo de gracia para los seres humanos, antes del Segundo advenimiento. (Heb. 1:3; 8:1-5; 9:11-28; Dan. 7:9-27; 8:13 y 14; 9:24-27; Núm. 14:34; Ezeq. 4:6; Mal. 3:1; Lev. 16; Apoc. 14:12; 20:12; 22:12).
25. La Segunda Venida de Cristo
  • La segunda venida de Cristo es la bendita esperanza de la Iglesia. La venida del Salvador será literal, personal, visible y universal. (Tito 2:13; Juan 14:1-3; Hechos 1:9-11; I Tes. 4:16 y 17; I Cor. 15:51-54; II Tes. 2:8; Mat. 24; Mar. 13; Lucas 21; II Tim. 3:1-5; Joel 3:9-16; Heb. 9:28).
26. Muerte y Resurrección
  • El salario del pecado es la muerte. Pero Dios, el único que es imortal, concederá vida eterna a Sus redimidos. Hasta aquel día, la muerte es un estado inconsciente para todas las personas. (I Tim. 6:15 y 16; Rom. 6:23; I Cor. 15:51-54; Ecles. 9:5 y 6; Sal. 146:4; I Tes. 4:13-17; Rom. 8:35-39; Juan 5:28 y 29; Apoc. 20:1-10; Juan 5:24).
27. El Milenio y el Fin del Pecado
  • El milenio es el reinado de mil años de Cristo con Sus santos, en el Cielo, entre la primera y la segunda resurrección. Durante este tiempo serán juzgados los impíos muertos. Al fin de ese período, Cristo con Sus Santos y la Ciudad Santa descenderán del Cielo a la Tierra. Los impíos muertos serán entonces resucitados y, con Satanás y sus ángeles, cercarán la ciudad; pero el fuego de Dios los consumirá y purificará la Tierra. El Universo quedará eternamente libre del pecado y de los pecadores. (Apoc. 20; Zac. 14:1-4; Mal. 4:1; Jer. 4:23-26; I Cor. 6; II Pedro 2:4; Ezeq. 28:18; II Tes. 1:7-9; Apoc. 19:17, 18 y 21).
28. La Nueva Tierra
  • En la Nueva Tierra, en que habita la justicia, Dios proveerá un hogar eterno para los redimidos y un ambiente perfecto para vida, amor, alegría y aprendizaje eternos, en Su presencia. (II Pedro 3:13; Gén. 17:1-8; Isa. 35; 65:17-25; Mat. 5:5; Apoc. 21:1-7; 22:1-5; 11:15).

Historia de la Iglesia Adventista

En apenas un siglo y medio la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha crecido de un puñado de personas, que diligentemente estudiaron la Biblia en búsqueda de la verdad, para una comunidad mundial de mas de ocho millones de miembros y, otros millones, que consideran la Iglesia Adventista su hogar espiritual.

Doctrinariamente, los Adventistas del Séptimo Día son herederos del supradenominacional movimiento Milleriano de la década de 1840. Aunque el nombre Adventista del Séptimo Día haya sido escogido en 1860, la denominación no fue oficialmente organizada hasta el 21 de mayo de 1863, cuando el movimiento incluía cerca de 125 Iglesias y 3.500 miembros.

Entre 1831 y 1844, Guillermo (William) Miller - un predicador Bautista y ex-capitán de Ejército de la Guerra de 1812 - lanzo el grande despertar del segundo advenimiento, el cual eventualmente se dispersó a través de la mayoría del mundo cristiano. Basado en su estudio de la profecía de Daniel 8:14, Miller calculo que Jesús podría retornar a Tierra el 22 de octubre de 1844. Cuando Jesús no apareció los seguidores de Miller experimentaron lo que se vino a llamar El Gran Chasco.

La mayoría de los millares que se habían juntado al movimiento, salio en profunda desilusión. Unos pocos no en tanto, regresaron para sus Bíblias para descubrir porque ellos fueron decepcionados. Luego ellos concluyeron que la fecha del 22 de octubre era correcta, pero que Miller había predicho el evento errado para aquel día. Ellos se convencieron de que la profecía bíblica preveía no el retorno de Jesús a la Tierra en 1844, pero que El comenzaría en aquella fecha un ministerio especial en el cielo para Sus seguidores. Así, ellos continuaron a esperar por el breve retorno de Jesús, como hacen los Adventistas del Séptimo Día aun hoy.

De este pequeño grupo que se rehusó a desistir después del gran Chasco, surgieron varios líderes que construyeron la base de lo que vendría a ser la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Se destacan dentro de estos líderes una pareja joven Santiago y Elena White - y un capitán de navío jubilado, Jose Bates.

Este pequeño núcleo de adventistas comenzó a crecer - principalmente en los estados de la Nueva Inglaterra en la América del Norte - adonde el movimiento de Miller había comenzado. Elena White, apenas una adolescente en la época del gran Chasco, se desenvolvió en una dotada escritora, oradora y administradora, tornandose,y permaneciendo, la consejera espiritual de confianza de la familia Adventista por mas de 70 años hasta su muerte en 1915. Los primeros adventistas vinieron a creer - como los Adventistas desde entonces - que ella disfruto de la dirección especial de Dios mientras ella escribía sus consejos para el creciente grupo de creyentes.

En 1860, en Battle Creek, Michigan, EUA, un puñado de congregaciones de Adventistas escogieron el nombre Adventista del Séptimo Dia y en 1863 organizaron formalmente el cuerpo de la Iglesia con un número de 3.500 miembros. En el principio, la actuación fue en gran parte limitada en América del Norte, hasta 1874 cuando el primer misionero de la Iglesia John Nevins Andrews, fue enviado para Suiza. La obra en África fue iniciada tímidamente en 1879 cuando Dr. H. P. Ribton, un reciente converso en Italia, se cambio para Egipto y abrió una escuela, pero el proyecto termino cuando tumultos comenzaron a surgir en los barrios. El primer pais cristiano no protestante en recibir la iglesia fue Rusia, adonde un ministro adventista fue enviado en 1886. Misioneros adventistas entraron por primera vez en países no cristianos en 1894- Costa Dorada (Gana), oeste de África, y Matalbeleland, África del Sur. En el mismo año misioneros vinieron a América del Sur, y en 1896 había representantes en Japón. La iglesia hoy tiene actuación establecida en 209 países.

La publicación y distribución de literaturas fueron los principales factores en el crecimiento del movimiento del Advenimiento. La Advent Review' y el Sabbath Herald' (hoy Adventist Review'), órgano general de comunicación de la Iglesia, fueron lanzados en Paris, Maine, en 1850; el Youth's Instructor' en Rochester, Nueva York, en 1852; y el Signs of the Times' en Oakland, Califórnia, en 1874. La primera Casa Publicadora denominacional en Battle Creek, Michigan, comenzó a operar en 1855 y fue debidamente incorporada en 1861 con el nombre de Asociación de Publicación Adventista del Séptimo Día.


El Instituto de Reforma de la Salud, conocido mas tarde como Sanatorio Battle Creek, abrio sus puertas en 1866, y la obra de la sociedad misionera fue establecida a nivel estatal en 1872, y 1877 vio la formación de las Asociaciones de las Escuelas Sabáticas en todo el Estado. En 1903, la sede de la denominación se cambio de Battle Creek, Michigan, para Washington, D.C., y en 1989 para Silver Spring, Maryland, a donde ella continua a formar el nervio central del trabajo siempre en expansión.

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